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La doble presencia y el equilibrio entre la vida laboral y familiar

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Rosio del Pilar Rymer Pichardo, médico familiar, prevencionista en riesgos laborales y presidente del Centro Dominicano de Higiene y Seguridad (CEDHISE) ofreció sus comentarios sobre los excesos laborales que pueden afectar la vida personal de los empleados. En el texto se hace referencia tanto a aspectos que pueden ser detonantes de dicho “riesgo psicosocial” como a las soluciones que se pueden generar para encontrar el beneficio del empleador y del trabajador.

En la prevención de riesgos laborales se denomina “Riesgo psicosocial” a la interacción entre el trabajo, su medio ambiente, la satisfacción laboral y las condiciones de la organización, por una parte y, por la otra, las capacidades del trabajador, sus necesidades, su cultura y su situación personal fuera del trabajo, todo lo cual a través de percepciones y experiencias puede influir en la salud, en el rendimiento y en la satisfacción en el trabajo.

Esto nos muestra que los factores de riesgo psicosociales son las condiciones a los que el trabajador está expuesto y que si se prolongan o intensifican se trasformara en el riesgo psicosocial ya visto como tal. En este último caso nos referimos a los factores de riesgo psicosociales como fuentes de estrés laboral que tienen el potencial de causar daño psicológico, físico o social a los trabajadores y que son capaces de deteriorar la salud de las personas durante el desempeño de su trabajo e incluso fuera de él, provocando desequilibrios que se ven reflejados en la esfera física y psíquica, en el entorno familiar y en la organización donde trabaja.

Estos agentes se convierten en precursores de enfermedades que se manifiestan a través de diferentes tipos de respuestas, entre ellas la fisiológica, por reacciones neuroendocrinas; emocionales, presentes con sentimientos de tristeza, ira, ansiedad, frustración, apatía, indiferencia, sumisión, entre otras; cognitivas, con restricción de la percepción, habilidad para la concentración, creatividad o toma de decisiones; y conductuales, distinguidas por el abuso del alcohol, tabaco, drogas, violencia, asumir riesgos innecesarios, otros.

Los factores de riesgos psicosociales como características nocivas de la organización del trabajo, se pueden identificar a través de 5 dimensiones:

  1. Exceso de exigencias psicológicas: Cuando el ritmo de trabajo es rápido o de forma irregular; que además requiere se escondan los sentimientos y se tomen decisiones difíciles, entre otras.
  2. Falta de influencia y desarrollo: No existen márgenes de autonomía definidos para la realización de tareas ni el trabajo da posibilidades para aplicar las habilidades y conocimientos o carece de sentido para el trabajador, no se puede adaptar el horario laboral con las necesidades personales y familiares o no se puede decidir cuándo se puede hacer una pausa para el descanso.
  3. Ausencia de apoyo y calidad de liderazgo: Cuando se debe trabajar aislado, sin apoyo de los superiores o compañeros/as y con tareas mal definidas o sin la información adecuada y a tiempo.
  4. Escasas compensaciones: La presencia de falta de respeto y reconocimiento laboral, trato injusto, inseguridad contractual, realización de cambios de puestos o servicios en contra de la voluntad del empleado; baja remuneración salarial, otras.
  5. Doble presencia: Ocurre cuando el trabajo doméstico y familiar suponen exigencias cotidianas que deben asumirse simultáneamente con las del trabajo remunerado. En este caso la organización del trabajo en la institución puede impedir la compatibilidad de ambas actividades, a pesar de disponer de herramientas y pautas para armonizar la vida laboral y familiar.

La “Doble presencia” es el nombre propuesto por la socióloga italiana Laura Balbo, a finales de la década de los 70, para representar la situación que caracteriza la vida de la mayoría de las mujeres en las actuales sociedades industrializadas. Este nombre evidencia la vida cotidiana de aquellas féminas que deben afrontar la actividad laboral y el trabajo doméstico-familiar como único panorama viable e ineludible, más aún si tomamos en cuenta que el 90% de las mujeres que trabajan fuera de sus casas la sufren, afectando directamente su salud siendo las manifestaciones más frecuentes el estrés, la ansiedad, la depresión , los problemas osteomusculares, enfermedades cardiovasculares y gastrointestinales, entre otros; a nivel psíquico, la carga mental; en su entorno familiar, conflicto con su pareja, malestar por el ruido de los niños, etc.; y, en la organización, pérdida de interés por el trabajo, absentismo laboral, conflicto con sus compañeros de trabajo, etc. (Revista de Comunicación de la SEECI. 15 nov 2017/15 mar 2018, nº44, 33-51)

El no tener un tiempo libre en el que la mujer pueda ocuparse de sus actividades personal es señal de un ritmo de trabajo contraindicado por lo que ve reducido sus descansos, haciendo que el trabajador tenga una sensación de agobio y opresión. Sin embargo, un punto muy importante a considerar es que no todas las mujeres tienen la misma resistencia a los factores de riesgo psicosocial, hay que recalcar que la personalidad de toda mujer no viene marcada por un patrón concreto, sino que se ve influenciada por factores como el nivel de aspiración de la persona, la confianza en sí mismo y la tolerancia al estrés, este tipo de personas con estas habilidades suelen ser más eficientes, responsables y activas. Por el contrario, las personas inseguras, dependientes, depresivas suelen tener más riesgo de sufrir algún tipo de patología psicológica como ansiedad, depresión. Sin embargo, el matiz será diferente según la actividad que desempeñan los individuos, el entorno en el que desarrollan dicha actividad y la carga de tareas fuera del horario laboral. La necesidad de responder a las demandas laborales y al cumplimiento de las labores de ámbito doméstico-familiar, puede repercutir negativamente sobre la salud y desempeño de los empleados, asimismo, puede originar una descoordinación en la organización del tiempo

Para combatir este problema, es necesario que las empresas adopten las medidas adecuadas para ayudar a conciliar la vida profesional y las responsabilidades familiares.

Algunas de ellas son:

  • Flexibilización de horarios de trabajo en función de las necesidades de la vida familiar y laboral, tanto para hombres y mujeres.
  • Adecuada planificación y programación como base de la asignación de tareas.
  • Promocionar la autonomía de los trabajadores y la toma de decisiones relacionadas con las tareas asignadas.
  • Facilitar la relación social en el trabajo que fomente la cooperación entre compañeros, entre superiores y trabajadores.

Principalmente mantener un trato igualitario con hombres y mujeres respecto a permisos ligados a la familia, ayudará a que la carga sea igualitaria para todos. Si tanto trabajadoras como trabajadores tienen familia, el trabajo doméstico se iguala cuando permitimos a padres, hijos o hermanos responsabilizarse de esas labores.

Además, generar la confianza para que ellos lo hagan, en una sociedad donde esto se asocia al género femenino, logra que la balanza comience a equilibrarse. Recuerda que la doble presencia femenina, influye en la vida personal y profesional de las mujeres, afectando en su desempeño y motivación.

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