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Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo

Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo
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El ingeniero Audy Puyosa explica la importancia y características de la denominada “cultura de la seguridad” o “cultura preventiva” dentro de cualquier organización profesional para garantizar el resguardo a la salud y seguridad de sus empleados durante cada jornada de trabajo.

Hoy resulta común pensar en la Prevención de Riesgos como algo natural y que, sea por convicción o por coacción, ya forma parte de todos los órdenes corporativos; sin distinguir entre entes públicos o privados. Sea por una u otra motivación, este cuenta con un basamento legal, el cual puede estar más o menos desarrollado, pero siempre está presente en todos los países.

La Cultura de la Seguridad viene justamente de estos elementos que conforman el etéreo concepto de “Organización”. En el entendido de que una organización no cuenta en sí con elementos culturales, hemos de manejarlo como una abstracción sobre las creencias (actitudes, valores, normas, reglas y memoria documental) que sustentan su quehacer, a través del compromiso de actuación de quienes forman parte de ella y que orientan el comportamiento esperado en materia de prevención de riesgos laborales.

Se suele utilizar como sinónimo el término Cultura Preventiva, dada la relación causa – efecto que tienen la Prevención y la Seguridad; esto es, la seguridad es el estado resultante de la acción preventiva bien aplicada. Dicho de otro modo, la Seguridad no es más que hacer bien las cosas. Y este no es un concepto menor. De hecho, el centro de todo está en entender que el trabajador requiere tres elementos para lograrlo.

Según José Meliá, el trabajo seguro, derivado del comportamiento seguro, requiere tres componentes, a lo que llama la Teoría Tricondicional de la Seguridad:

  1. Poder hacer bien las cosas: Contar con procedimientos, equipos y herramientas adecuadas, debidamente mantenidas y con los insumos correspondientes. Del mismo modo, es importante contar con la autoridad acorde a su función.
  2. Saber hacer bien las cosas: Conocer sobre el proceso, los equipos, los materiales, herramientas y los posibles riesgos a los cuáles se expone mientras participa en la producción.
  3. Querer hacer bien las cosas: Estar motivado, con deseos de cumplir una actividad asignada y entender el valor que su trabajo tiene para la organización. Sentirse dueño del proceso y no solo parte de él.
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Elementos de la Teoría Tricondicional del trabajo

En algunos casos, los prevencionistas optan por analizar las condiciones con base en los medios tipo Hardware (equipos, herramientas, locaciones), dejando de lado los elementos tipo Software (capacitación, procedimentación, motivación, supervisión), cuando los segundos resultan tanto más económicos como más eficientes en su actuación.

Naturalmente, la mejor solución a una condición de inseguridad es aquella que, con base en un análisis Costo – Beneficio – Riesgo, resulte aplicable y conveniente.

Acá cabe preguntarse, ¿cómo puede saber una organización el nivel de madurez que tiene su gestión en seguridad y salud laboral? Como una herramienta más a manejar, nos podemos apoyar en la Curva de Bradley, desarrollada por DuPont en la década de los noventa del siglo pasado. Según este instrumento, la Cultura de Seguridad pasa por 4 fases:

  1. Fase 1 (Reactiva): seguridad basada en el instinto natural. No existe compromiso ni interés en la seguridad. Las organizaciones desarrollan sus procesos sin considerar las normas preventivas, a menos que sea necesario: accidente, inspección del órgano rector, requerimientos contractuales de clientes, auditoría corporativa, por citar algunos detonantes.
  2. Fase 2 (Dependiente): seguridad basada en las reglas. Con base en las experiencias de la fase 1, la organización establece sistemas punitivos basados en normas internas, buscando coaccionar al personal en el cumplimiento de las mismas.
  3. Fase 3 (Independiente): seguridad basada en el compromiso personal. La siguiente fase requiere que los colaboradores se identifiquen con las normas, para lo cual se realizan campañas de concienciación, planes de formación, hasta lograr que se internalicen las razones para el autocuidado.
  4. Fase 4 (Interdependiente): seguridad basada en la cooperación entre equipos. La comprensión de la seguridad y la necesidad de la autoprotección hace que los colaboradores sean críticos hacia los comportamientos y condiciones irregulares, apoyando a los otros a mejorar para lograr un ambiente cónsono con los compromisos hacia la seguridad.
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Curva de Bradley

Para mantener una sana Cultura de la Seguridad, la organización se apoya en cuatro estrategias fundamentales:

A. Conciencia colectiva hacia la prevención:

La conciencia colectiva parte de un manejo individual de las responsabilidades. Tener la visión del autocuidado como base del desempeño operacional. Cuando el personal internaliza que la seguridad no es algo adicional a su trabajo sino la mejor (y única) manera de hacerlo, se ganan adeptos. Esto pasa por entender que el personal operacional debe conocer y comprender los riesgos y no simplemente asumir un conjunto de normas impuestas.

B. Participación activa de la Línea Gerencial:

Un elemento de gran valor para el anclaje de una sólida Cultura de la Seguridad es el ejemplo de la Línea Gerencial en los concerniente a la Prevención de Riesgos. Cuando los líderes departamentales se muestran atentos a un desempeño armónico de la Gestión Preventiva, el personal operacional se compromete en mayor medida, logrando así la sinergia necesaria.

C. Formación continua del capital humano:

La operación correcta de equipos, cumplimiento de normas y atención a la gestión requieren conocimiento sobre la manera de cómo hacer las cosas. La formación del capital humano es una de las herramientas más importantes y poderosas en el desempeño a seguir de las actividades.

D. Control operacional de las actividades:

Es importante contar con un equipo de supervisores operacionales, capataces o caporales con manejo asertivo de las actividades y motivación hacia la seguridad. Sin embargo, lo que los convierte en personas clave en el proceso es su conocimiento del personal a su cargo, reconociendo los sutiles cambios de ánimo u otros elementos que puedan alertar sobre aspectos en los trabajadores que les hagan propensos a cometer errores.

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Componentes de la Cultura de la Seguridad

Su conocimiento y entendimiento es fundamental para lograr controlar y coordinar esta área sensible del aparato productivo.

Existe un aporte tangible a través del desarrollo de las organizaciones de corte gremial, las cuales buscan aportar respaldo y coherencia profesional a quienes prestan servicio en la gestión preventiva de las diferentes organizaciones. Es el caso de la Asociación Latinoamericana de Seguridad e Higiene en el Trabajo (ALASETH), la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Iberoamericana de Seguridad Social (OISS), por solo citar algunas.

Todo lo anterior permite definir un plan de gestión cónsono con las exigencias internacionales, el cual busca concertar una visión tripartita (Estado – Empleador – Empleado), alineada con el esquema de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Según el modelo tripartito, cada Estado – Nación establece una estructura de gestión específica en materia laboral (ministerios, secretarías, direcciones o institutos autónomos) cada uno de los cuales funge como ente rector; siendo a la vez ente de control de la actuación de los empleadores y asesor de estos y los trabajadores; los cuales condicionan el desarrollo de planes de gestión por parte de los empleadores (Programas de Seguridad y Salud en el Trabajo) que permitan garantizar el mejor estado de desarrollo de las condiciones de seguridad y salud hacia los trabajadores.

La gestión del Ente Rector se basa en lineamientos del propio Estado; el de los empleadores en las leyes, reglamentos y resoluciones y el de los empleados en los Programas de Seguridad y Salud que los empleadores desarrollan para tal fin.

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Relación ttripartita

Como vemos, el marco organizacional en materia de Salud Ocupacional tiene una importante trayectoria que nace desde la época colonial y continúa su desarrollo hasta la actualidad. El desarrollo de instituciones gubernamentales y su aparataje, demarca una estructura formal que se actualiza constantemente para brindar cada día mejores condiciones para la prevención de accidentes y enfermedades ocupacionales. Esto requiere trabajo conjunto de los entes de control y los actores del aparato productivo del país.

Aunque mejorable, contar con un esquema formal que ampara la gestión preventiva de las organizaciones, con apoyo del Estado, permite estructurar un proceso cohesivo de acciones que apuntan a la mejora continua de sus indicadores de gestión.

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Andrés Quiroz
Comunicador social.
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