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Coronavirus: desde el centro de la Taquipnea

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Artículo escrito por el médico internista – intensivista del CEDIMAT, Dr. Francisco A. Méndez.

A diario los seres humanos se enfrentan a situaciones o problemas que pueden tener un impacto negativo en la vida o, pueden convertirse en un aprendizaje. La actual pandemia nos ha mostrado lo vulnerables que somos y la cantidad de vidas que se pueden perder frente a los mínimos cambios.

En cuanto al personal de intensivo en muchos casos la pandemia nos agarró desprotegidos, peleando con un enemigo contra el que no tenemos claro de cuál es la medicación correcta para tratarlo y, del que tampoco sabíamos, cómo protegernos para no infectarnos.

En la mayoría de los UCI los protocolos del uso de los materiales de protección personal se fueron aprendiendo en la marcha, con disminución de la disponibilidad de mascarillas, guantes, batas y todo lo necesario para la seguridad. Ha sido un reto dividir el personal con el mínimo uso de equipos posibles, luego volviéndose todo un caos con un toque de queda en el que nadie quería salir de su casa. Muchos centros incluso se enfrentaron a la renuncia de parte del personal de limpieza, como también del personal de salud. La falta de colaboradores llevó a la necesidad de incluir en el staff personas que desconocían el manejo de ciertos aspectos del intensivo.

Una vez se logra tener esa parte organizada conociendo cuándo, cómo y por dónde entrar y salir, estando de hecho dentro, hay otra parte amplia no resuelta y es el de ¿cómo tratar el paciente? Frente a diversas opiniones, muchas con evidencia muy pobre, “¿le administramos plaquinol, esteroides o invermectina? O, ¿qué tal si no se la damos?”.

«El personal de intensivo son como los guerreros kamikaze: hay que matarnos para dejar de pelear con la muerte»

Dr. Francisco A. Méndez.

El manejo ventilatorio ha sido toda una montaña rusa con muchas notas fúnebres. En las bajadas los europeos con los fenotipos basados en el compliance de los pacientes, una parte de los expertos americanos diciendo en tratar a todos como un ards y otros que evitaran intubar cualquiera; cayendo en el mismo punto de intentar, fallar y ver qué resulta mejor, pero sobre la marcha.

Otra discusión en muchos países fue cuáles pacientes de éstos eran elegibles para reanimar ya que debido al riesgo de infección uno puede pasar de ser el tratante, al tratado, sin mucho esfuerzo; pero el personal de intensivo son como los guerreros kamikaze: hay que matarnos para dejar de pelear con la muerte. Muchos han arriesgado su vida reanimando un paciente joven o intubándolo sin la debida protección, escenarios que nos han pasado cuentas al final, encontrando muchos casos positivos dentro de los trabajadores del lobby de San Pedro, donde le tratamos de prolongar la estadía a la gente en este planeta.

Aún viviendo todo esto, también toca ponerse del lado del afectado y de sus familiares, cuestión difícil de manejar, ya que la mayor parte de la información ha sido dada no personal, más bien vía telefónica, zoom u otros medios de comunicación. Dar noticias malas es una tarea siempre difícil, pero decirle a un familiar que su hijo, padre, madre o hermano murió sin siquiera verlo en sus últimos días de vida es un momento en donde a cualquier ser humano se le parte el alma.

«Como quisiera que entendiera todo el mundo lo mal que es estar sediento, hambriento o con deseos de orinar y no poder retirarse un traje de protección, ¡ahí sí lo difícil se siente real!

Dr. Francisco A. Méndez

Sin embargo, al leer o escuchar personas referirse al tema, opinando o haciendo webinar como que son los expertos de la terapia, ¡especialistas de micrófono y cámara!, personas que nunca han visto un ventilador o a un paciente covid, hace que los que trabajamos la atención directa, los cuales, penosamente, ni siquiera hemos sido recompensados económicamente de forma adecuada, sintamos cierta decepción de la mentalidad y proceder de nuestra población.

Al final recorres las calles y es aún peor la actitud de la gente; muchos diciendo que están cansados de la mascarilla, que no quieren estar en sus casas y así sucesivamente. Si tuviera en mi poder, los elevaría a superhéroes y los pondría a atender a los pacientes infectados, ya que de todas formas andan en la calle como si la vida les apestara. Como quisiera que entendiera todo el mundo lo mal que es estar sediento, hambriento o con deseos de orinar y no poder retirarse un traje de protección, ¡ahí sí lo difícil se siente real!

Penosamente, los casos en aumento y la sociedad menos cooperadora, hace que uno se pregunte si será en vano todo el esfuerzo y entrega. No obstante, seguimos haciendo lo que nos gusta y que hacemos con altruismo, ¡regresar vidas desde el borde de la muerte!

Dr. Francisco A. Méndez, internista – intensivista CEDIMAT.

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